EL ÁRBOL INFÉRTIL
Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo, y fue a buscar fruto en ella, pero no encontró ninguno. Entonces llamó al jardinero que cuidaba su viñedo y le dijo: «Hace tres años que vengo buscando fruto en esta higuera y no encuentro nada. Córtala. ¿Por qué ocupa espacio inútilmente?»
El jardinero le respondió: «Señor, déjala un año más. La cavaré y la abonaré. Si da fruto, bien; pero si no, entonces podrás cortarla».
En esta parábola, la viña representa el mundo, y la higuera, a las personas impías cuyas vidas no producen buenas obras, que no dan fruto al servicio de Dios. El dueño de la viña, es decir, Dios, destruiría a esas personas, pero Cristo intercede por ellas para que tengan tiempo de arrepentirse. «Él no quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen al arrepentimiento». Cristo vino y buscó transformar los corazones de los hombres y hacer que sus vidas fueran fructíferas para Dios. La advertencia ha sido dada, y cuando el dueño de la viña vuelva a buscar buenos frutos, los árboles estériles serán destruidos.
¿Soy yo un árbol estéril, amado Señor? ¿Un estorbo en la tierra? ¡Oh, dame la gracia de ser fructífero y de abundar en tu obra!


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