La historia de Jesús, el bebé de Belén
La historia de Jesús, el bebé de Belén
Poco después del nacimiento de Juan el Bautista, José, el carpintero de Nazaret, tuvo un sueño. En su sueño vio a un ángel del Señor de pie junto a él. El ángel le dijo:
“José, descendiente del rey David, he venido a decirte que María, la joven con la que te vas a casar, tendrá un hijo, enviado por el Señor Dios. Le pondrás por nombre Jesús, que significa ‘salvación’, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”
El pueblo de Dios había tenido varios reyes. Algunos de ellos habían sido egoístas y crueles, pero Jesús sería un rey diferente, uno que salvaría, no que destruiría a los hombres.
Poco después de que José y María se casaran en Nazaret, el emperador Augusto César emitió un edicto en todo el Imperio Romano, ordenando a todos los habitantes que se dirigieran a las ciudades y pueblos de donde provenían sus familias para que sus nombres fueran registrados en un censo, ya que el emperador deseaba tener una lista de todas las personas bajo su dominio. Como tanto José como María descendían de la familia del rey David, viajaron juntos de Nazaret a Belén para que sus nombres fueran inscritos en el censo. Como recordarán, Belén de Judea, a diez kilómetros al sur de Jerusalén, era el lugar de nacimiento de David y donde su familia había vivido durante muchos años.
Fue un largo viaje de Nazaret a Belén; descendieron las montañas hasta el río Jordán, lo siguieron casi hasta su desembocadura y luego subieron las montañas de Judea hasta el pueblo de Belén. Cuando José y María llegaron a Belén, encontraron la ciudad llena de gente que, como ellos, había acudido para que sus nombres fueran registrados. La posada estaba llena y no había lugar para ellos; pues nadie, excepto ellos, sabía que esta joven pronto sería la madre del Señor de toda la tierra. Lo único que pudieron hacer fue ir a un establo donde se guardaba el ganado. Allí nació el pequeño, y lo acostaron en un pesebre, donde se alimentaba a los animales.
Aquella noche, unos pastores cuidaban sus ovejas en un campo cerca de Belén. De repente, una gran luz los envolvió y vieron a un ángel del Señor de pie ante ellos. Se llenaron de miedo al ver la gloria del ángel. Pero el ángel les dijo:
«No temáis, porque os traigo buenas nuevas de gran alegría, que serán para todo el pueblo: hoy os ha nacido en Belén, la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor, el rey ungido. Podréis encontrarlo allí; y lo reconoceréis por esta señal: es un bebé recién nacido, acostado en un pesebre, en el mesón».
Y entonces vieron que el aire a su alrededor y el cielo sobre ellos estaban llenos de ángeles, que alababan a Dios y cantaban:
«Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».
Mientras miraban con asombro y escuchaban, los ángeles desaparecieron tan repentinamente como habían aparecido. Entonces los pastores se dijeron unos a otros:
«Vayamos enseguida a Belén y veamos este acontecimiento maravilloso que ha sucedido y que el Señor nos ha dado a conocer».
Entonces, tan rápido como pudieron, fueron a Belén y encontraron a José, el carpintero de Nazaret, a su joven esposa María y al pequeño bebé acostado en el pesebre. Les contaron a María y a José, y también a otros, cómo habían visto a los ángeles y lo que habían oído acerca de este niño. Todos los que escucharon su historia se maravillaron; María, la madre del niño, no dijo nada. Reflexionó sobre todas estas cosas y las guardó en silencio en su corazón. Después de su visita, los pastores regresaron a sus rebaños, alabando a Dios por las buenas nuevas que les había enviado.
Cuando el pequeño cumplió ocho días, le pusieron nombre; y el nombre que le dieron fue “Jesús”, una palabra que significa “salvación”, como el ángel les había dicho a María y a José que se llamaría. Así, el mismo nombre de este niño anunciaba lo que haría por la humanidad; pues él traería la salvación al mundo.
Traducido del “Libro maravilloso de historias bíblicas”

