La vida de fe de María: Lecciones de humildad y alabanza
¿Quién era María? María era una joven virgen, hija del hijo de Elí (Lucas 3:23). Debió ser una mujer justa. Basta con ver el saludo que le dirigió el ángel Gabriel:
«…¡Salve, muy favorecida! El Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.» Lucas 1:28
Al verlo, ella se turbó por sus palabras y se preguntaba qué clase de saludo sería aquel. Y el ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios.»
Después de ser informada de que iba a tener un hijo, preguntó con humildad:
Entonces María dijo al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»
Tras recibir la respuesta, creyó de inmediato.
Y María dijo: «He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.» Y el ángel se fue de su presencia. (Lucas 1:38)
Más tarde, cuando María llegó a casa de Elisabet:
Y sucedió que, al oír Isabel el saludo de María, el niño saltó en su vientre; e Elisabet fue llena del Espíritu Santo.
Y exclamó a gran voz: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Y de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a visitarme? Porque, he aquí, en cuanto oí la voz de tu saludo, el niño saltó de alegría en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor». (Lucas 1:41-45).
María responde alabando a Dios.
«Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios, mi Salvador. Porque ha mirado la humildad de su sierva; por eso, desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada. Porque el Todopoderoso ha hecho grandes cosas en mí; santo es su nombre. Y su misericordia se extiende de generación en generación sobre los que le temen. Ha mostrado el poder de su brazo; ha dispersado a los soberbios de corazón. Ha derribado a los poderosos de sus tronos y ha enaltecido a los humildes. Ha colmado de bienes a los hambrientos y a los ricos los ha despedido con las manos vacías. Ha socorrido a su siervo Israel, acordándose de su misericordia, como prometió a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre.»
De todo esto se desprende claramente que María era una mujer de fe y devota. Estaba siempre dispuesta a alabar a Dios y a obedecer su palabra.
Todos deberíamos seguir su ejemplo siendo:
- Pronto para alabar a Dios
- Pronto para obedecer
- Humilde
- Siervo/a del Señor