La Casa Construida Sobre la Arena
¡Qué insensato debió ser el constructor de la casa que vemos en la imagen! Claro que, cuando sopló el viento y las olas azotaron la casa, esta se derrumbó. ¡Miren cómo el mar ha erosionado los cimientos y cómo se está cayendo el tejado! Y la gente, ¡miren cómo huye para salvar sus vidas! Y toda esta calamidad por haber construido su casa sobre la arena. Pero la otra casa, la que se ve a lo lejos: ¡qué firme se mantiene! ¡Qué imponente resiste las olas y con qué seguridad soporta la furia de la tormenta! Sus cimientos son sólidos, porque descansan sobre roca firme.

Jesús había estado enseñando a la gente. Les había enseñado muchas verdades maravillosas, que encontrarán escritas en los capítulos quinto, sexto y séptimo de Mateo; y al concluir, dijo: «Cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y golpearon contra aquella casa; pero no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Y cualquiera que oye estas palabras mías y no las pone en práctica, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y golpearon contra aquella casa; y cayó, y grande fue su ruina». La lección que Jesús quiso inculcar a la gente con esta parábola era que no basta con simplemente oír lo que Él dice. Muchos lo harán; pero solo aquellos que recuerdan los mandamientos de Cristo y los cumplen, verán que su obra perdurará cuando llegue el tiempo de la prueba.


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